La credibilidad presidencial está por encima de cualquier otro valor político. Cuando a usted se le preguntó si tuvo alguna relación empresarial con una concesionaria que era de propiedad de Odebrecht, usted dijo que no. No es nada grave haber sido proveedor o contratista de una concesionaria en la que la brasileña tenía participación, pero otra cosa es mentir. Lo grave no es lo que se denuncia, lo que se cuestiona son las razones de la mentira.